Es una manera de darme a conocer, no vendiendo un falso Manuel, mostrando mis virtudes y defectos, mis caídas, mis triunfos. Así, solo me queda esperar, desde un lugar alejado donde no hay sonrisas ni lágrimas, donde yo domino, mi erial y vacío reino que estoy dispuesto a compartir y entregarte... y si lo deseas... a dejarlo.
Entonces... ¿estaba decidido? Mañana me lanzaría tal como esos locos que veo ocasionalmente por mi ventana.
No era racional, lógico, algo que regularmente haría. Pero ¿por qué no?. Ahora solo me queda dormir y esperar a la mañana siguiente.
¡Manuel!
La voz suave de Elena, me levantó, preparó el desayuno tal como lo hace todas las mañanas y me preguntó con voz temblorosa. ¿Vas a salir?
Supongo, que era raro para ella, que despues de estar dos años en mi habitación, de repente, salga a recorrer un poco las calles.
Kelwy vino a recogerme y fuimos al lugar pactado. A lo lejos, divisé al joven instructor, no había notado que tenía en su brazo la figura de un ángel. Mientras ellos conversaban, pensaba que el angel tatuado no es una imagen muy varonil, debe tener un algún significado personal. No lo sé, supongo que después le preguntaré. Me encontraba en mi silla, esa que siempre significó límites, obstáculos, según lo indicado escaparía de ella por unos minutos, quince, para ser exactos. Sé que en esa ocasión, no lo hice para demostrar nada, ni para descubrir nuevas cosas ni nada de eso, lo hice solo por el hecho de intentar algo, tener la sensacion de hacer algo.
Cuando emprendí el vuelo, fue una sensación rara, recordé cuando era niño y que siempre corría hacia las ventanas del avión, para ver sus imponentes alas y debajo de estas, como se dibujaba una pequeña ciudad hecha de trazos adornadas de puntos moviles, donde siempre intentaba buscar mi casa. Sin éxito. Siempre le decía a mi padre, hacia que lado debía mirar para encontrar nuestra casa, y él con una sonrisa escondida me señalaba un punto lejano "para allá". yo me concentraba para poder posar mi mirada en el mismo lugar donde el apuntaba con su mano.
Posteriormente, recordé que temo a las alturas, o al menos siempre pensé eso, pero mientras flotaba a la voluntad de un desconocido, la altura fue un factor que no importó, es decir, no tuve miedo. Me atrevería a decir, que me sentí comodo, mis piernas sueltas a la voluntad del aire, pero en este momennto no importaba, no las necesitaba.
De repente los recuerdos y pensamientos se detuvieron al encontrarme con mi ventana, ese frío marco metálico, pero visto desde este lado, era solo un pequeño cuadrado; la ventana de mi habitacion era una minúscula parte del edificio donde vivía, y mientras más me alejaba de ella, observaba que mi edificio se perdía entre otros. Mi mundo, mi habitación, era tan reducida e insignificante, recién pude notar que existéa todo este horizonte, este amplio espacio, mucho más, que ese frío marco que me tuvo cautivo.
La sensación de tranquilidad, volvió a acompañarme en el vuelo, conforme dejaba a lo lejos, los edificios. ¿Esto será la libertad? Esta sensacion de poder hacerlo todo, como puede describirse o definirse...
¡Vamos a aterrizar¡, dijo Josh.
¿Por qué? ¿por qué, aterrizar? ¿por qué no sobrevolar la ciudad y mantenerme en el aire por más tiempo? Acaso es este vuelo una ficción, esta sensación de dominio es tan falsa como efímera. Sentí la misma libertad y sorpresa que sienten las aves que son soltadas y liberadas de sus jaulas, que con todas sus fuerzas emprenden vuelo y se alejan más y más de sus captores, y vuelan, viven., y sienten.. dominan el mundo. Pero, ¿por qué vuelven? por miedo, se saben incapaces de dominar este cielo por más de dos minutos, de encontrar el horizonte y valerse por sí mismas.
Por qué entran presurosas a sus jaulas, acaso la libertad no es mejor que la tranquilidad que les da tener el alimento, y cuidado. Ellas prefieren tener cada cierto día la falsa sensación que están vivas, que son libres, aunque esta sea una libertad fabricada.
Al aterrizar, me sentí como ellas, volveré para ser dejado nuevamente en mi cama, y acostarme al otro lado de la ventana. Esta sensación no es grata, no sentí nada parecido a libertad, desde hace mucho, pero esta sensación no era libertad, era un comienzo, era otra ventana, otro marco solo que más grande, y dependía de mi... si regresaba como mis compañeras de vuelo al lugar seguro...
Caímos lentamente, y me recosté en el grass, por un momento pensé que debido a la algarabia del vuelo y a mi propia voluntad yacía en el, que me reincorporaría y echaría a correr.
En ese momento me quitaron el arnes y todas esos cuerdas, volvió Kelwy y me recostó en mi silla. En el camino hacia mi casa, ya en tierra firme, mi ventana era más grande, más imponente, parecia que me pedía que ingresara,. y volviera a mi mundo normal..
¿Te dio miedo? me preguntó.
Mientras intentaba descubrir que me habia preguntado, ya que no le prestaba atendion, decidí que no podía volver a mi habitación, no de la misma forma, no podía regresar a mi prisión y pensar que eso está bien. pensar que sere libre de vez en cuando. ¿Miedo?
Solo faltan cinco minutos y recogen las pruebas. Mi examen esta vacío, y las dos respuestas que logré anotar son incorrectas o vagas. No rendía un examen desde hace años, y para mi mala suerte, el cronograma de examenes, colocaba como primer examen el curso de alemán. De repente, el profesor, me pide el examen, yo sin mostrar mayor resistencia entregó mi hoja casi en blanco. Él era de esos profesores, que corrigen las pruebas en el salón, como para que cada uno se retire conociendo su suerte y a que atenerse.
Manuel, 06.
06, en mi examen parcial, este curso me asustó desde el primer instante, y fue un temor real, ya que por mas que me esforcé e intente repartir mi tiempo entre el trabajo y la universidad, no pude hacerlo. Pensé que era mi fin, que el curso ya estaba desaprobado, y por ende, que no podía concretar lo que me había propuesto, a solo dos meses de regresar a la universidad, vislumbraba que sería complicado retomar esto, poder lograrlo.
Salí del salón tomando mi examen con la mano derecha, presuroso, como si tuviera un rumbo, mi rostro amargo y molesto era clara señal para mis compañeros que mi nota no era buena.
Ese día, la vi por primera vez, recuerdo su casaca roja, esas casacas delgadas que más adelante supe que le gustaba usar, no obstante fueron la causa de más de un resfriado. Me crucé con ella, y me quede prendado de sus grandes ojos verdes... Ella pasó, me olvidé de mi examen, la seguí con la mirada. Por alguna razón no podía separar mi vista de ella, ella se alejaba y se dirigía a un salón. Se acercó a su compañero y lo saludó con un beso; en el preciso instante que el joven contacto con ella, recordé que tenía entre manos, mi examen desaprobado. Desperté... y me retiré...
Al llegar a la oficina, mis pensamientos se perdían entre el 06 y esa señorita de ojos grandes, recibo una llamada y me comunican que algunos alumnos tendríamos que reunirnos para revisar algunas notas y apuntes relacionados con el examen. Estaba muy ocupado, ya me encontraba en mi trabajo, a regañadientes pude responder que saldría en horas de la noche.
Al llegar a la universidad, busqué un lugar cercano a mi salón, y a lo lejos, la vi nuevamente. Era la misma chica de la mañana, estaba con otro chico en las bancas de la universidad, ambos compartían la banca y una laptop, este chico no era el mismo que el de la manana, por la manera como él la trataba pude notar que el recién la conocía; se movía con cuidado, con respeto, pero su mirada lo delataba, siempre la miraba fijamente, mientras ella escribía y posaba su vista sobre la computadora, apuntes y unos libros de derecho, el observaba a esta linda chica, pero ella le era indiferente, creo que nisiquiera notó como él la miraba, como si a ella no le importara. Transcurridos como veinte minutos, se levantan y cruzan el pequeño corredor de la universidad y se sientan en el suelo, para poder acercarse a una toma de corriente. Me pareció gracioso, ver a ese joven vestido de terno apoltronado en el suelo, claramente embelesado por esta chica...
Para ese instante, ya había olvidado completamente el motivo por el cuál habia ido a la universidad, en realidad la reunión con mis compañleros ya había terminado, pero en el fondo lo sabía, debo admitir que esa noche, me quedé para observarla, para admirarla.
Derepente ella volteó la mirada hacia donde yo estaba, me puse nervioso, y realicé todos los movimientos tontos y torpes posibles, el último de ellos fue observar mi reloj, un reloj que se mantenía aun en mi muñeca a pesar de su vieja correa, y debido a las constantes caídas la pantalla ya no mostraba los dos puntos que separan la hora de los minutos, baje la mirada y observe 2303. Sé que este número no pudo mantenerse inmóvil por mas de sesenta segundos, pero juraría que estuve con la cabeza agachada por mas de cinco minutos observando el 2303.
Esa fue la primera vez que me cruce con ella, ahora siempre que lo hago, recuerdo mi reloj, recuerdo la hora, recuerdo esos números, que se confunden con una fecha. Ahora, no sé si fue la hora, una fecha, simplemente, me recuerda a ella.
Despues que ella se marchó y al notar que mi visita a la universidad no había cumplido su propósito, me retiré, los vi tomar un taxi y alejarse. Ya de vuelta, en la oficina, aun pensaba en lo que podía hacer, como podía remediar esa nota, como podía corregir ese traspie.
Pero, dentro de mi, sabía que todo iría bien, ya no me encontraba molesto ni preocupado, sé que la situación era un poco complicada, pero sabía que todo estaría bien.
Mis compañeros me preguntaron, conscientes de mi nota desaprobatoria ¿cómo te fue?.
Muy bien - les repondí-. Esa fue la primera noche que su presencia me dio calma, esa fue la primera vez que pensar en ella me produjo una sonrisa.
El sonido era intermitente, molestoso y parecía cada vez tener mayor fuerza. 5:00a.m. y no podía dormir debido a una inesperada llamada. Como era un invitado esperé que Dana conteste; luego escucho: Es para ti, Manuel. Una expresión de desconcierto se apoderó de mi rostro. Levanto el auricular y escucho: Soy Rosario, te llamo de Lima. No había conversado con ella por lo menos 2 años, y se le ocurre despertarme a esta hora; noté un tono triste en su saludo, además, hablaba entrecortado como para no dejar notar que estuvo llorando. Sin ánimos de caer mal, o de quedar como un insensible. Recordé que siempre odie que tenga los telefónos de mi madre y de mi hermana, y que en algunas ocasiones, las llame sin que esto me fuera dicho.
- Manuel, necesito un favor.
En este instante, recorde que efectivamente me había llamado hace 2 años, ya que su llamada empezó con esta misma frase.
Quiero que visites a Antonio y le preguntes si va a regresar pronto. En lo frágil de su voz se escondía algo más endeble aún, sus sentimientos. Minutos después, me narra lo sucedido, que Antonio había viajado a España para complementar algunos cursos de Arquitectura, y habían dejado de hablar hace dos años. Escucharla llorar fue algo que asimile bien, es necesario recalcar, que ella fue mi enamorada y que nuestra relacion había terminado muchos años atrás . Ahora, ella me contaba todo el cariño que sentía por él. Antonio, era buen chico, cortés, galante y todo eso; por otro lado no era muy inteligente (para ser amable con el chico). Su encanto y su mediocridad eran su principal carta de presentación.
Sé que al contarme lo bonito de su relación, ella no pretendío dañarme y mas aun sé que no lo hizo con mala intención. Aunque debo decir que ella siempre se esforzaba por demostrar lo contrario. Hay ocasiones donde uno se siente mal y necesita a alguien. Alguien para hablar, escuchar y para herir. No con un fin cruel ni revanchista. Sino porque uno quiere dejar de sufrir y quiere salir de ese momento sin importar nada. Como cuando uno esta por ahogarse, se apoya en otra persona para poder salir a la superficie, a veces, ahogando a tu acompañante. Muchas veces Rosario, se impulsaba hacía la orilla empujándome hacia el fondo. Afortunadamente para ella tengo muchas vidas y esta acción pudo hacerla muchas veces.
- Manuel, deseas venir a la mesa. Me dijo Santiago.
Un joven ecuatoriano que mi hermana contrato para que me lleve a pasear en mi corta estadia. Sí, le respondí, hoy quiero visitar a alguien.
Ya para la tarde, estaba en el departamento de Antonio, lo primero que me pregunto es por qué estaba en una silla de ruedas; bueno eso lo dejamos para otro día Antonio- respondí. ¿Qué es de tu vida, qué haces?
Me contó, que había conocido a una chica en la universidad, y que habían congeniado bastante, después formalizaron su relación y ahora estan esperando un hijo. Me contó que era díficil decirle a Rosario que la relación había terminado, por temor se había callado. Ahora, solo quería dejar pasar el tiempo y que en algún momento la llamará y le explicará todo.
Terminada la conversación, le pedí a Santiago que me lleve a casa, era demasiada información para un día. Cuando llegue a casa pensé ¿Tenía la información que ella necesitaba?. Era necesario que la llame para explicarle lo succedido.
Hay algunos mensajes que nunca llegan a entregarse, y esto no supone siempre una mala experiencia. No le devolví la llamada a Rosario, ni he recibido llamada hace un par de años ya. Creo que esta saliendo con un médico, ahora. Tal vez sucedió lo mejor.
Hace un par de años lei en un libro de Bryce el término "Estimated time of arrival" . A veces algunas noticias llegan en el momento menos esperado. O acaso, es peor, llegar a la vida de alguien, solo para verla partir y alejarse de ti. El tiempo es un factor que no podemos controlar. Eso ahora lo sé, lo importante son nuestras decisiones.
"And the wild regrets, and the bloody sweats, none knew so well as I: for he who lives more lives than one more deaths than one must die"
Este fragmento pertenece a Oscar Wilde, lo escribió cuando se encontraba en la cárcel de Reading. Junto al cuadro de Van Gogh "L'exercice des prisonniers" me recuerdan que alguna vez perdí mi libertad.
Como todo prisionero que se respete siempre invoque total inocencia, creí tener innumerables razones para no ser castigado con tal pena.
Mi prisión era diferente a las demás, no era imponente ni se encontraba excesivamente custodiada, al contrario, era endeble y no presentaba mayor seguridad. El reo, la prisión y la condena se confundían en un solo ser.
Mi dormitorio y esa gran sala colmada de máquinas fueron mi morada por poco más de 6 meses. Recuerdo una habitación grande que compartía con otros compañeros; entre gritos, lágrimas, balbuceos y paredes blancas se desarrollaba un día cualquiera.
Esa gran habitación era testigo de pocos logros y muchas desazones, el día iniciaba con esas ganas de vivir, triunfar; pero al pasar las horas, el haz de luz desaparecía de las paredes blancas que se tornaban oscuras, diariamente nuestro destino sufría el mismo cambio que esas paredes, no importaba el esfuerzo, al terminar el día el resultado era el mismo, un lúgubre presente.
Sobre mis compañeros, algunos compartían la pena con sus familiares; otros como yo, prefirieron la soledad que compartir el infortunio; habían deportistas y los condenados de por vida, aquellos que sabían que no volverían a caminar ni poder valerse por sí mismos nunca más, todos nos conportabamos diferente pero algo nos unia, algo a lo que debíamos aferrarnos, eso llamado esperanza.
I never saw a man who looked So wistfully at the day I never saw a man who looked With such a wistful eye Upon that little tent of blue Which prisoners call the sky.
Este gran salón no era habitado solo por nosotros, abarcaba dos alas separadas por una extensa cortina. El otro pabellón era de niños, niños que sin poseer la conciencia de su presente compartían nuestra condena.
Ráfagas de aire, jugaban con la cortina y con nuestros pensamientos, esporádicamente nos dejaba ver el otro extremo de la habitación, sus paredes eran de colores y tenían colgados motivos infantiles. Uno parecía perderse ese breve instante, ¿será este un circulo maldito?, ¿nuestra descendencia será castigada con esta prisión?, ¿nuestros seres queridos serán confinados en la otra ala? Otra traviesa brisa mueve la cortina, mientras el enfermero nos pide que nuevamente movamos una pierna, intentemos dar un paso, o que simplemente tratemos de alzar una de nuestras extremidades.
Una ocasión, un enfermero dejó la cortina entreabierta, uno de los pequeños logró completar cuatro pasos seguidos, su esfuerzo fue recompensado con una sonrisa de parte de su madre. El niño aún feliz por ese pequeño paso, se recostó en la colchoneta para saborear su logro, y posó su mirada sobre nosotros, ¿Qué cruzó por su cabeza? no lo sé. Pero ese momento notó que él al igual que las personas del otro pabellón eran diferentes. Observaba como ellos también se ufanaban de un primer paso, caminar un trayecto corto o de lograr gatear para obtener un objeto al otro lado de las colchonetas.
So with curious eyes and sick surmise
We watched him day by day,
And wondered if each one of us
Would end the self-same way,
For none can tell to what red Hell
His sightless soul may stray.
¿Esa capacidad de erguirse y caminar sobre las dos piernas será tan dificil de lograr?. ¿Será libre algun día, o estará confinado a esta maldita prisión?. ¿tendrá que esperar algunos años para estar al otro lado de la cortina?
Comencé estas líneas señalando que alguna vez estuve preso, ya no lo estoy. Recorro las calles con personas que no conocen este corto trance en mi vida, quienes desconocen mis fortalezas y mis debilidades y sobretodo, que a veces sonrío cuando puedo dar algo más que tres pasos seguidos.
Todo permanece igual, el tiempo es un elemento ajeno en mi habitación. No es importante conocer qué estación castiga a las personas que escucho pasar. Cuando pensaba que me vería obligado a deshechar un calendario más, esos que se utilizan para recordar fechas importantes; recibo la invitación de Dana. Es reconfortante recibir sus afectousas llamadas. Me gustaría decir que es díficil arrancarme lágrimas, y que me mantengo impávido e inmutable ante estos momentos, pero no. Me quiebro fácilmente.
Manolo:
Espero que estes mejor, como sabes este viernes es mi graduación, no puedes faltar. Te mando los tickets dentro de los libros que me pediste. Espero que vengas pronto y podamos pasear nuevamente por la Plaza de España, tal como lo hacíamos antes, aunque debo decirte que Malasaña ha sufrido grandes cambios, bueno eso lo tienes que ver tú.
Me siento muy nerviosa, pero contenta, necesito que hablemos, tengo algunas propuestas de trabajo, aunque deseo realizar una maestría. Aún es dificil que vuelva a Perú, por lo que te pido que vengas. Te espero,
Dana,
Te quiero mucho
Así, decidí dejar mi mundo seguro, donde no existen límites porque no tengo metas, donde no hay dificultades que vencer, donde nadie pretende ayudar o burlarse de mi. Esa salida fue el inicio de una etapa importante, pero se dio del modo más inesperado. Salí a encontrarme con alguien que me quiere, me respeta y me cuida; pero me tope con alguien que no conocía y a quien no sé si le importo. No solo encuentro raro que haya encontrado a alguien, sino quien era, una persona totalmente diferente a mi, alguien que en cualquier circunstancia normal no hubiera soportado por más de dos minutos, a quien habría denostado y hablado en un tono maleducado con el fin de alejarla de mi, pero esta vez, no lo pude hacer.
El destino aprovechó un breve descuido. Como si esperara que salga de mi habitación para pillarme. Un escenario parecido a viejas historias, donde los dioses juegan con uno, dotándote de armas, fuerzas y temores, pero a la vez, señalan el camino que debemos llevar, manejando nuestros movimientos y sentimientos.
Llegué temprano al aeropuerto, ya pasaba por el primer control mientras realizaban la primera llamada, de esta manera me ahorré las miradas ante mi siempre llamativo espectáculo, el de cargarme en mi silla y dejarme en mi respectivo lugar. Ya para la segunda llamada, me encontraba apoltronado en mi asiento, sin rastro de todo el barullo y movimiento que generó mi llegada, en ese instante, recordé porque ya no me gusta viajar en avión.
Fue allí cuando apareció, no la vi, la escuché, alguien respondía unas preguntas con tono firme pero amable, ¡no esta permitido señorita¡ ¿Cómo logro ingresar ese objeto al avion?, ¿Con qué fin? Ella respondía que siempre lo lleva, que regularmente lo usa para beber agua. En algunos momentos, entrecortaba algunas palabras para usar otras, palabras más acordes a la conversación formal y seria que sostenía.
Después de un par de minutos, no resistí e intente voltear un poco, para ver qué es lo que exactamente pasaba; divisé una joven delgada, de cabello largo, su bolso yacía en la mesa de postres aun vacía. La aeromoza tomaba una botella de vidrio. Cuando me hice la misma pregunta. ¿Para qué trajo eso?
No son muchas las personas que usan botellas de vidrio para beber agua. Creo que es demasiado incomodo y peligroso, hay que ser loco para llevar una espaciosa pero incomodísima botella de vidrio entre las pertenencias.
No le creí, nadie en su sano juicio lleva una botella de vidrio a un avión, y es mas, pretender no ser tildada de incoherente. Por otro lado, mientras la escuchaba defenderse, mis ojos se perdían en ella, tenía algo raro, como si fuera diferente a los demás, a esa gente común y ordinaria con la que solía cruzarme en las calles.
Será una loca ecologista, incapaz de usar plástico para evitar el fin de nuestra humanidad mediante la contaminación. Me quedé pensando en todas las manifestaciones, marchas que habría participado esta linda señorita, para defender sus puntos de vista. Quizás iba a Madrid a reunirse con algunas de estas organizaciones de nombre raro.
Fue reconfortante no ser el punto de atracción de este vuelo, todos la miraban. Logré mi cometido, pase desapercibido. Después de unos minutos, una voz suave me pide permiso: me dejas pasar, pegue mi espalda al asiento y bajé un poco la mirada, lo único que pude ver fue que llevaba tres pendientes en su oreja, no me atreví a verla, pero sabía que era ella, la chica de la botella.
Este viaje fue largo, mi primer deseo fue que no me pregunte nada, ni que intente hacer conversación, algo usual en viajes largos. Si se daba el caso, debía mantener mi cabeza bajo tierra, esperar unos minutos y que desisitiera de la conversación.
Nunca me interesó aprender sobre los nombres, su origen, significado, y todo lo ligado a ellos. Pero un nombre, es importante; te define ante los demás, no importa si llegan a conocerte o no. Con el nombre basta para obtener todo un perfil de tu persona.
El nombre Ernesto siempre fue de mi agrado, me parece un nombre fuerte, íntegro; me evoca a una persona inteligente, honesta y buena. Me inspira respeto, esto último, influenciado por algún Ernesto que conocí.
De haber tenido la oportunidad de cambiarme el nombre, habría dejado el anodino Alexis por Ernesto.
Un nombre sugiere algunas veces caracteristicas físicas y/o modos de comportamiento. Por ejemplo, creo que no puede existir Rubén o Alejandro cobarde, son nombres que expresan una gran fuerza, valentía y seriedad. Es seguro que nadie ha escuchado del payasito Rubén o el pequeño Alejandro. Por otro lado, nunca confiaría en Dony o Jhonny. No me imagino al Jefe de las Fuerzas Armadas llamado Dony ni confiaría la construccion de un edificio a un arquitecto-ingeniero llamado Jhonny.
¿Qué hago hablando de nombres? Cierto, Manuel es uno especial, más allá que Alexis haga perder fuerza y/o seriedad al mio. No sé por qué las personas no pueden llamarme Manuel por tres semanas seguidas, pasado este corto periodo de tregua, soy atacado con Manuelito.
¿Qué tiene este nombre? aunado al sinfín de apelativos que lo acompañan. Siempre me han llamado Manolo en mi círculo familiar: mis padres, primos, y amigos de infancia. En mi casa lo siguen haciendo.
Mis parejas de turno, siempre usaron, Manuel, de vez en cuando un Manu (debo decir que nunca me disgusto ello) y otros apodos que por orgullo no me atrevo a decir.
Manuel es común y silvestre, así como yo. Pero sus deformaciones me fastidian, me hacen tambalear, me dibujan un ser que desconozco, del cual reniego.
Una compañera de trabajo usa un afectuoso Mañuquin, el cual me hace pensar en alguien que siempre esta mirando con desparpajo total a las chicas, que de reojo observa a la compañera que se despide y se retira. Es decir, la lujuria hecha persona.
Pero lo que no soporto, es el inefable Manuelito.
Primero, mis amigos del barrio; ya no somos los chicos de antes. Ahora, padres de familia, profesionales, que alternan su vida personal con la reuniones de fin de semana en el club. Todos mantienen sus nombres, pero en mi caso el Manolo cambió a Manuelito, me hacen pensar que en lugar de crecer y madurar junto con ellos, he pasado por un proceso inverso. Entre lisuras, risas, cervezas me saludan a lo lejos !Hola Manuelito ya no vienes al club.....!
Segundo, lo peor que me ha sucedido, es tener una conversación formal con alguien que acabo de conocer, salir un par de ocasiones a tomar un café o al teatro.Y después de algun par de salidas al despedirse de mi, con resignacion escucho Manuelito. En este caso, debo reconocer que soy digno de toda burla, ese diminutivo al ser pronunciado por una chica, me dice, que soy lo más inocuo e inocente que ha conocido. Incapaz de matar una mosca. No sólo no represento peligro alguno, sino que inspiro cariño, pero un cariño casi fraternal, me atrevería a decir, casi me siento el hermano menor de mis ocasionales acompañantes.
Tercero, mi jefe, personaje sacado de las oficinas del Daily Bugle, después de una reunión y ante la presentación de mis reportes, me responde: "No te preocupes Manuelito, yo reviso el caso". Hasta este personaje, se rinde ante la fuerza e ímpetu de mi nombre.
Es un hecho, las personas sienten cariño hacia mi nombre, una obsesión enferma que me genera desconcierto.
Por último, mi instructor de spinning, en plena clase ante mi paso cansino por un dia extenuado de trabajo, me lanza un "Vamos manuelito, pedalea más rápido".
El lujurioso (Mañuquin), el inofensivo y en el mejor de los casos traviesillo amigo (Manuelito). El personaje (Manuelito) que es estimulado por su fornido instructor o por su riguroso jefe se ven unidos en un solo ser.
Soy estudiante universitario, en realidad, debería decir soy estudiante universitario de 4º ciclo. Creo que nací perteneciendo al 4º ciclo o al menos una buena parte de mi vida la pasaré en esa etapa. Estoy exagerando un poco, pero algo es seguro, el próximo año aún llevaré un curso del 4º ciclo, Deutsch VI. Cuando llegué por primera vez al 4º ciclo, era mucho más joven, de cabellos parados, incipiente barba y una afición compulsiva por comprar todo adminículo moderno que existiera, play station, ipod, celular , etc.
Cuando culminé el 4º ciclo de Estudios Generales Letras, no veía todo tan complicado. Por un lado, terminaba los cuatro ciclos de esa facultad, aprendí muchas cosas, fue una bonita experiencia, entre Arte Contemporáneo , Griego e Historia del Mundo Moderno; debo nombrar también Matemática Básica I y II, cursos que fui obligado a llevar por la currícula.
Entre los salones de mi anterior facultad, conocí a Rosario, mi primera enamorada. Entre Borbones, Habsburgos, Esopo, Warhol y no sé quién más, me encaminé en lo que vendría a ser mi vida universitaria.
La felicidad de pertenecer al 4º ciclo fue fugaz, pasé a facultad y todo comenzaba de nuevo; 1º ciclo de Traducción e Interpretación. Las cosas cambiaron un poco, ya separado de Rosario, empecé a llevar cursos tan o más interesantes que en estudios generales, por ser cursos de mi carrera me agradaban más, talvez lo único que hice bien es escoger mi carrera, me gusta mucho y me siento a gusto en ella.
Pasé los tres primeros ciclos como cualquier muchacho común y silvestre, entre buenas notas y ser delegado de varios cursos, la cosas no iban mal. A raíz de mi enfermedad dejé la universidad y desaprobé casi todos mis cursos del 4º ciclo. En ese entonces, el 4º ciclo ya no me agradaba mucho, era una etapa que ya debía pasar.
Trás un par de años, he vuelto a mi casa de estudios, ahora soy mayor, más gordo, con algunas traviesas canas que se muestran en los momentos menos indicados, ya no soy muy hábil con eso "de la tecnología"; pero algo no ha cambiado, soy un estudiante universitario de 4º ciclo. Hace poco recogí mis notas finales, obtuve buenas notas en algunos cursos pero este curso no deja coronar mi "logro". Ja ja ja una falsa sonrisa (llena de molestia) se dibuja en mi rostro y me hace meditar en esa palabra y el significado que ahora le doy, "logro" a mi edad debería ya estar en otras cosas, otra etapa en mi vida, pero aún sigo aqui.
Es díficil aceptar cambiar tus metas, incluso tildarlas de metas: aprobar un curso, salir solo a la calle, mantenerme más de un mes en un trabajo; esos logros son pequeños casi sin sentido; pero son dificultades que debo enfrentrar. No creí que había algo peor que tener estas metas como fin, pero sí lo hay, no cumplirlas. Sumado a conversaciones con personas que se cruzan con uno de vez en cuando, como cuando Rosario alguna vez, ninguneó mi preocupación y mi esfuerzo desplegado por aprobar mi curso, "quien como tú que tienes esos problemas, tú vida es fácil, en cambio yo, tengo problemas serios". Eso me molestó, y creo que se lo hice notar, pero esa chica es un poco displicente en ocasiones, así que debo pasarlo por alto.
Diciembre 2008, Manuel Cisneros, estudiante universitario.... sí, sí.... de 4º ciclo, aún cuatro ciclos por terminar. El alumno vitalicio que aun lleva libros bajo el brazo al trabajo.
Acaban las clases, y las oportunidades de poder acercarme a ella. Pero creo, que el proximo ciclo llevare algunos cursos con ella, supongo que primero debo presentarme, Solo sé, que si me presento o debo escribir algo en una tarjeta para ella me aseguraré de no poner: Estudiante Universitario de 4º ciclo.
Debo reconocer, que durante algún tiempo, intenté ocultar mi gusto por el fútbol, sobretodo ante las chicas. Creo que el fútbol no es bien visto por la mayoria de las féminas; es mejor tener un buen libro bajo el brazo o conocer los lugares donde se realizan las mejores fiestas. Eso ayuda, además tener una novela a la mano, te hace parecer interesante, y en la mayoría de los casos (no en el mío) inteligente.
Sí, soy aliancista, hincha de Alianza Lima. Pero, ¿Qué significa eso?, ¿Por qué soy de Alianza?, ¿Qué es ser de Alianza?. En realidad no lo sé, no recuerdo cuando lo decidí, ni por qué. He escuchado que Alianza es el pueblo, sufrimiento, una pasión.
Eso del sufrimiento, me hace recordar algunos breves pasajes de mi niñez. No me bastaba el sobrepeso y erupciones cutáneas pordoquier; me atrevía a decir que era de Alianza. Como si tuviera un gusto por ser el blanco de burlas, cuando se desarrollaba una conversación sobre fútbol, cual kamikaze, mencionaba !Yo soy de Alianza! !Nunca has visto a tu equipo campeonar! !ya son 12, 13, 14, 15 años que Alianza no campeona!. Estos hechos eran más que vergonzosos para nosotros, los aliancistas. Triunfos pírricos en canchas nacionales, una esporádica buena actuación ante equipos extranjeros y figuras que poco a poco se desdibujaban entre cervezas y señoritas en tanga.
Esa es mi Alianza.
La primera vez que asistí al estadio, fue en el año 1993. Recibí la invitación de un viejo y acérrimo hincha del Sporting Cristal. Sporting Cristal y Alianza Lima disputarían el subcampeonato en el estadio nacional.
La invitación fue inesperada, como lo eran sus llamadas, ya debía estar acostumbrado. En el camino hacia el estadio, tomaba su mano al momento de cruzar las pistas, creo que esto le molestaba, pero aun temía o desconfiaba de la pericia de los conductores limeños. Antes de entrar al estadio, me compró una camiseta, la número 7. En ese entonces, de un tal Marco Valencia, "el arquitecto del fútbol", "la zurda camaneja" u otro título rimbombante que solemos acuñar a nuestros jugadores. No sé si le agradecí, solo sé que la puse en mi mochila, y la guarde; es difícil dirigirse a alguien que ves cada tres años. Los sentimientos encontrados traban todo deseo de agradecimiento, cariño y demás. Nos ubicamos en la tribuna norte, mi acompañante tomó un vaso de cerveza, y me compró un helado.
Al terminar el partido, me dejó en mi casa y guardé mi camiseta en el último cajón de mi armario. Alguna vez quise agradecerle por ese presente, con esa camiseta jugué y marqué muchos goles, la use muy a menudo hasta que se desprendió el número 7. Recibí una llamada, trás un par de años, para ese entonces, me había olvidado de la camiseta.
Mientras me encontraba en mi trabajo, escucho por la radio un llamado a los hinchas aliancistas. Hoy, 07 de diciembre se jugará talvez el último partido de Alianza en la primera división, ya que si pierde el cotejo de hoy perderá la categoría. ¿Alianza perderá la categoría? ¿Juega con Sporting Cristal?
Me pareció gracioso, que el último cotejo sea ante el Sporting Cristal, y sin pensarlo dos veces, compré dos entradas para ir al estadio. La primera vez que vi un partido de Alianza Lima fue ante el Sporting Cristal, tal vez la despedida se efectué con el mismo rival.
Minutos antes de dirigirme al estadio, reuno mis cosas y abro el último cajón de mi armario, y ahí esta mi camiseta, me gustaría pensar que era la misma, la del ’93. Que, ante el paso del tiempo, al igual que yo, había sufrido cambios bruscos, más ancha, más grande, con uno que otro defecto y con muchos remiendos. Me la pongo y me dirijo al estadio.
!Qué emocionante es asistir al estadio! Aplaudir, gritar, insultar, reír libremente. Aunque me considero una persona calmada y centrada, mi comportamiento cambia mucho en el estadio, no me reconocería si me viera en el estadio. !Si me lanzaran un pedazo de carne cruda, saltaría y a mordidas destrozaría de inmediato!.
Esa es mi Alianza.
Que perdemos los aliancistas si Alianza no mantiene la categoría. Perdemos jugadores transnochadores, posibles parejas para las bailarinas de turno, un equipo que no muestran nivel con nuestros vecinos argentinos, bolivianos, chienos y demás. También, perdemos algo más, la oportunidad de compartir una tarde con amigos, una cita con una eventual pareja, una salida familiar, o un paseo padre-hijo.
Pitazo final , Alianza no pierde la categoría.
Finalmente, la primera vez que asistí al estadio Alianza ganó el subcampeonato; mi acompañante no pudo celebrar, es como una deuda aún por pagar. El campo está listo, solo falta coincidir en el estadio, aún está Sporting Cristal y Alianza Lima, solo faltamos nosotros.
Más de uno debe tener una lista casi interminable de correos electrónicos con este pedido que linda con la súplica, Mira mi perfil del Feisbu o Te agregué como amigo en Feisbu. Redes sociales, le llaman, como si no tuviera suficiente con todas las personas con las que tenemos que lidiar, ahora debo ser gentil (intentarlo al menos) con fríos correos. Culpo a ese nerd estadounidense, creador del Feisbu, que sin ninguna duda quiso burlarse de mí por esconderme cuando me buscan en casa, por apagar mi celular ante una llamada no esperada, por cruzar a la otra acera cuando veo un grupo de conocidos o por inventar alguna excusa tonta cuando hay una reunión (fiesta) en la universidad o el trabajo.
Ahora, debo cuidarme en un ámbito más, el virtual, sería ocioso señalar que no soy bueno para tratar a las personas, más aun con personas que recién conozco. Asimismo, me es fisicamente imposible tratar con grupos grandes (léase dos o tres personas).
No soy una persona muy sociable, es más, me esfuerzo por no serlo, creo que los términos amistad , amigo se han devaluado un poco. Pero, soy un pseudo-usuario del Feisbu, no en vano ya tengo memorizado cuantas invitaciones tengo por aceptar:
Mira quien más te ha invitado a Feisbu:
seguido por 35 fotos
Es decir, tengo 35 potenciales amigos virtuales, algunos de ellos compañeros del trabajo, del colegio; y al menos 15 personas, que sinceramente no tengo la más mínima idea quiénes son.
Una de las chicas que me agregó como amigo al Feisbu me pareció conocida, lo pensé un par de minutos y accedí al link, cuando ya me deleitaba en mirar, auscultar, veo un nombre conocido, apagué mi monitor, me levanté de mi escritorio y me puse nervioso, tal cual me comporto cuando me cruzo con ella en los pasillos de la universidad.
Después de notar mi tonta reacción, intento ingresar nuevamente al Feisbu, pero solo vi su nombre junto a un cuadro blanco adornado con una pequeña x (propia de las imágenes que son filtradas). Me sentí un acechador, no siendo capaz aún de hablarle directamente derepente vi una oportunidad para intentar acercarme a ella, oportunidad que desheché minutos después.
Acepto que no pude dormir un par de días, por saber que foto habría colocado en su Feisbu. ¿Estará sola o acompañada?, talvez este haciendo una mueca, como las que hacía en algunas ocasiones en clase cuando conversaba con sus amigas. O talvez, en un grupo de amigos, con el joven de estatura pequeña con el que siempre camina despues de sus clases de aleman. Sea como fuere, ella siempre saldrá linda en cualquier foto.
Así, solo me queda borrar las interminables invitaciones al Feisbu y Jaifai, mientras me obligo a no escudriñar las cuentas de otras personas.
Cuando escuché este nombre por primera vez, pensé que se referían a algún escritor o poeta, Guillain-Barré, pero no se trataba de un novelista ni nada parecido. Fue tonto de mi parte, esperar que el nombre de un escritor sea pronunciado por ese hombre en bata blanca.
Dos semanas después del 2308, la preocupación comenzó, el dolor que sentía en las piernas fue disminuyendo junto con la capacidad de moverlas.
Así conocí al Dr. Jiménez, de complexión robusta, estatura mediana, cejas y barba pobladas, con un tic muy gracioso: cada vez que mi familiar le señalaba los síntomas presentados, se tomaba el rostro, bajaba sus manos lentamente hasta llegar al mentón, donde se tomaba con fuerza la barba y decía !umm!. !ummm!, !lo usual!. Este movimiento lo repitió unas diez veces, lo que me generaba una gran sonrisa.
Desde el primer momento no me generó mucho confianza el Dr. Jiménez, talvez fue el diario Ajá que se escabullía entre algunas historias médicas en su portafolio o ese talante a joven hábil en el arte de sacar plages en tiempos de parciales y finale. Finalmente, lo más importante, el precio de su visita médica.
Ya con un diagnóstico procedieron a comprar mis medicamentos, y comencé a tomarlos regularmente; ese tal Guillain Barré fue mi primer diagnóstico. Al pasar unos meses sin mejora, mi familiar intentó otros métodos menos ortodoxos, los cuales hubiera rehusado enérgicamente si contaba con pleno uso de mis facultades fisicas, pero maltrecho y sin fuerzas para moverme fui víctima del conocimiento popular, esperanzas ancestrales, pachamamas y mejunjes.
El primer aroma fue conocido, pero no usual, sabía que algo era calentado en un recipiente extraño, parecido a una sartén, entre los movimientos bruscos que hacía el curandero coquetamente se podía ver el contenido: limones. ¿Que haría con esos limones calentados? esa duda solo duró unos minutos.
Procedió a frotarme con los limones, generalmente en las piernas. La segunda etapa de este "tratamiento" consistía en aromas más fuertes y desconocidos. Una botella que contenía diferentes hierbas las cuales tambien sirvieron de frotación a mis ya calentadas piernas, cuando el castigo parecía ya terminado, se despidió de mi familiar con una indicación que más me pareció una chanza, la cual debía ser respondida con una risa jocosa por parte de mi familiar junto a la mia, pero no, su pedido era real.
- Ahora solo envuelvan sus piernas con periódico hasta manana, y que descanse.
Trás un par de semanas, luego del 2308, día que creía que la naturaleza y yo concretamos una travesura para escabullirnos de la universidad, poder ver un partido en televisión y comer sin límites. Me di cuenta que no fue un juego, mi mundo había sufrido algunos cambios, ahora solo dominaba 16 metros cuadrados y contaba con una ventana que me hacía saber que había más afuera, un horizonte que no podía ver, sentir ni gozar.